lunes, 31 de mayo de 2010

Clases de punto

- Calpurnia - dijo mamá días después, en un tono que yo temía -, creo que es hora de que aprendas a tejer bufandas y calcetines. No hay nada como unos buenos y gruesos calcetines hechos por unas manos amorosas. Si empezamos ahora, te dará tiempo de regalar un par a cada uno de tus hermanos para Navidad, y quizá también a papá y al abuelo. ¿No te gustaría? Trae tu bolsa de tejer, que nos sentaremos en el salón.
Cuánta presión.
Suspiré y dejé la lupa. Justo estaba colocando un ejemplar particularmente hermoso de mariposa Viceroy en un cristal enmarcado para colgarlo junto a los especímenes del abuelito en la biblioteca, pero afuera llovía y un trabajo tan delicado requería luz del sol directa.
Mamá pareció complacida al sacar de su bolsa las madejas de lana con agujas clavadas de todos los tamaños. La lana era de un bonito y oscuro marrón chocolate y estaba recogida en grandes madejas. Ella se sentó con las manos alzadas como palas y yo fui desenrollando las madejas y las ovillé formando una bola. Aunque no me excitaba la perspectiva de tejer calcetines, el rítmico ir y venir de la lana resultaba hipnótico y tuve que admitir a regañadientes que tal vez no fuese la peor forma de pasar un día de lluvia. Tal vez.

[...]

- Empezaremos con unos calcetines para Jim Bowie, ¿de acuerdo? - propusó mamá -. Unos pequeños y lisos; ya aprenderemos estampados más adelante. En filas de... va, pongamos cuarenta puntos, y empezaremos por la pantorrilla.
Me pasó cuatro agujas diminutas de tejer.
- ¿Cuatro? - fruncí el ceño -. ¿Qué hago con cuatro?
- Tejer en un círculo perpetuo en vez de volver al final de la fila.
¡Socorro! ¡Si yo ya era bastante patosa con dos agujas! Aquello iba a ser peor de lo que creía. Mamá emitía sonidos de ánimo mientras yo componía la primera fila de mi primer calcetín. Había tantos extremos puntiagudos de agujas asomando en ángulos inesperados que era como hacer malabares con un puercoespín.
- Mira - dijo -, si enrollas la lana en el dedo anular, así, es más fácil controlar la tensión y los puntos salen uniformes.
Procuré hacerlo tal como me decía y, la verdad, la siguiente fila me quedó mejor. Y la de después, mejor todavía. Observé que, cuando cogías cierto ritmo, los puntos fluían de la aguja de modo que ya estabas recogiendo el siguiente antes de darte cuenta.
- Ahora empieza a cerrar para que te quede más estrecho hacia el tobillo. Así, muy bien.
Despacio - sumamente despacio -, la masa de lana empezó a tomar forma en mis manos. Transcurrió la tarde y, aunque no la calificaría de divertida, no fue tan terrible como había temido. Cuando terminó, había tejido una cosita marrón de aspecto gracioso. La sostuve en alto para inspeccionarla y decidí que parecía bastante calcetinesco. A mamá se la veía muy contenta. Dijo.
- Es igual que el primero que hice yo a tu edad.
- Bueno, pues ya está - concluí mientras recogía mi bolsa de costura -. Terminado.
- ¿Cómo que terminado? ¿Adónde vas? - La miré sin comprender -. Ahora empezaremos el otro. - ¿El otro? - aullé. ¿Estaba loca? ¡Me había llevado horas hacer ése!
- Desde luego que sí, y ten la bondad de no alzar la voz de ese modo. ¿Qué va a hacer Jim Bowie con un solo calcetín?
- No lo sé - dije. Y deseé añadir: "Ni me importa. A lo mejor puede usarlo como muñeco".
- ¿Y los demás chicos? ¿Y papá? ¿Y el abuelo? - preguntó.
Hice cuentas. Había seis hermanos además de papá y el abuelo, lo que en total sumaba muchos pies. Eso implicaba tejer al día siguiente, y al otro y al otro. La cabeza me dio vueltas. Vi toda mi vida dedicada a eso, vi calcetines que se extendían hasta el horizonte infinito, vi un valle abismal de tedio tejedor. Me empecé a marear.

***

A Calpurnia Virginia Tate (o Callie Vee, para amigosy familiares), no le gusta ni tejer ni bordar ni cocinar. Solo le gusta salir a recoger especies de insectos y plantas con su abuelo, miembro de la National Geographic Society, amigo de Darwin y de Graham Bell, y amante del método científico. Calpurnia Virigina Tate es una chica lista. En su futuro no hay delantales ni agujas, tan solo microscopios y cuadernos en los que tomar nota de sus observaciones naturalistas.
¿Qué pensaría Callie Vee de nosotras?

[La evolución de Calpurnia Tate es un libro maravilloso de Jacqueline Kelly, publicado por Roca Editorial.]

2 comentarios:

Mercè dijo...

Gracies,

M'acabas de donar la referencia de la proxima lectura!
Són dos temas que m'agraden, un per què em recorda a un llibre que em va entusiasmar "Mi familia y otros animales" de Gerald Durrell. Que si no el coneixeu penso que és una lectura magnifica per l'estiu.
I l'altre tema evidentment m'encanta.

Iris dijo...

Uf, cuatro agujas... entiendo el miedo de Calpurnia... :)